Salí caminando de mi casa. Por las rejas y la puerta de entrada. Hacia mucho calor para ser una noche. Aunque era verano, y era navidad. El reloj que llevaba en la muñeca, marcaba que eran las diez de la noche, ni más ni menos. Y caminando me dirigí hacia tu casa, mas lento que otras veces, me dolía el pie por la picadura de abeja. Y por fin llegué. Ahí cerca, cruzando una cuadra se encontraba tu casa. Donde habiamos pasado por tantas cosas que casi eran incontables y muy dificilmente las recordaría, a menos que algo me hiciera acudir al recuerdo por algún motivo, y ahí aparecía el recuerdo detalladamente.
Toqué timbre y esperé un rato. Me aproximé a la baranda, y me apoyé sobre ella. Observé la noche como jámas la había observado, había paz flotando en el aire. Por la ventana cercana a la baranda, se divisaba una ventana, donde luces intermitentes se prendian y apagaban suavemente y con lentitud, y se oían voces. Dirigiendo mi vista mas arriba y por detrás, en la cuadra de enfrente, un departamento tenía decorado con luces, y perdí mi mirada en el momento. Ya en aquel entonces, una mano se posó en mi espalda. Cabello despeinado, una remera gris, y unos vaqueros grises también. No había palabras en el momento, sonabas trisste, y te veías igual. Bajamos por los escalones y comenzamos a caminar, y te dije, vamos a ver las luces de esa calle.Tal vez parecía una estúpides, pero no parecía que vieras lo mismo que estaba viendo yo. Estabas apagado, y ninguna luz navideña iba a prenderte. Continuamos caminando, hablaste de como habias pasado la navidad, de tu familia, que no habías recivido ninún regalo. Y se me ocurrió que queria regalarte algo. Paramos en un lugar de esos que están siempre en esquinas y que hay personas afuera hablando, no muchas, pero las hay, y compraste un dr.lemon, no era algo que uno esperaba esos días de calor, no era algo que a mi me gustase, me hubiese gustado una coca cola en vidrio. Vageamos una gran parte de la noche por el barrio, observando como todos terminaban de festejar la navidad, tomando, con música en los autos. En tiendas de pizza o empanadas. Incluso en heladerías. Y comenzaste a sentirte mejor, o finjias. Y nos sentamos en una esquina, agradable, y comenzaste a prenderte, o comenzé a prenderte hablando. No era algo de todos los días lo que sentía, de hecho, era una nueva historia bajo aquella luna de navidad. Yo tenía que formar parte de su vida por algun motivo, era una eleccion digamos, pero sentí que ya no, que no era algo que ya eligiese, sino que ya formaba parte mia. Que yo tenia que estar ahí para que no se hundiera en las penas, para sacarlo a la superficie. Es complicado de explicar, pero ultimamente todo lo es. Y voy a explicarlo. Soy un suceso, si yo no sucedo, él dejaria de suceder. Soy un salvavida, y el se está ahogando. Se tira abajo, y alguien tiene que sacarlo de ahí, alguien tiene que detener su caida, antes de que se lastime, y ahí estoy yo, porque, quien sabe, si se rinde así que va a pasar en su futuro, y ahí estoy para que no se rinda, para que no se ahogue, para que no se golpee contra el frio suelo de la noche.
Me llevó a un lugar donde estaba el mejor adorno navideño segun él, caminamos y me hiso voltear, y ahí estaba, y sentí como si hubiese sido un regalo, y quiese regalarle algo a él. Y como aún era navidad, lo besé.
2 comentarios:
Y no me canso de decirlo, SON ÚNICOS INCREÍBLES SON UNA HISTORIA, SON LA MEJOR HISTORIA JAMÁS ESCRITA. Me alegro Agus, por todo, porque seas así de feliz, no te merecés menos. Cuidate, cuidense los dos!
que hermosoo.. yo siempre me senti el salvavidas de alguien pero nunca llegue a besarlo... me encanto el post y el blog :)
besos!
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